Día Mundial del Turismo: Viajar también es reconocer los territorios.

Cada 27 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Turismo, una fecha para reconocer la importancia social, cultural y económica de una actividad que conecta personas, territorios, historias y formas diversas de habitar el mundo.
Hablar de turismo es hablar de mucho más que viajar. Detrás de cada destino existen comunidades que conservan tradiciones, personas que crean emprendimientos, familias que transmiten saberes, artistas que cuentan historias y territorios que protegen una memoria que merece ser conocida y respetada.
En Colombia, esta actividad tiene una relación directa con la diversidad cultural y natural del país. Sus regiones reúnen patrimonio, gastronomía, música, danza, artesanías, paisajes, fiestas populares y expresiones comunitarias que hacen de cada territorio un lugar con identidad propia. El turismo puede contribuir a visibilizar esa riqueza y, al mismo tiempo, generar oportunidades para quienes viven en los destinos.
Turismo y economía local: cuando viajar también apoya a la comunidad
El turismo tiene efectos que van más allá de los hoteles y las agencias de viajes. Una persona que visita un territorio puede consumir en un restaurante local, adquirir productos de una emprendedora, contratar un guía comunitario, asistir a una presentación artística o conocer el trabajo de quienes conservan el patrimonio.
En Colombia, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo reportó que durante el primer trimestre de 2026 el país recibió USD 3.146 millones en divisas por concepto de viajes y transporte aéreo de pasajeros, un 9,4 % más que en el mismo periodo del año anterior.
Estas cifras muestran la dimensión económica del turismo, pero detrás de ellas existen realidades concretas: empleos, pequeños negocios, emprendimientos familiares y oportunidades para las comunidades.
Por eso resulta importante preguntarse qué tipo de turismo queremos fortalecer y quiénes se benefician de él.
Cultura y patrimonio: conocer sin borrar la identidad
Un destino turístico no es solamente una fotografía. Es un territorio habitado.
Las prácticas culturales, la memoria de los barrios, las cocinas tradicionales, las fiestas, los relatos de sus habitantes y las expresiones artísticas forman parte de ese patrimonio vivo que puede enriquecer la experiencia de quienes llegan.
En lugares como Usaquén, donde conviven sectores urbanos, espacios de valor patrimonial, barrios populares, comercio, expresiones artísticas y los ecosistemas de los cerros orientales, hablar de turismo también implica reconocer las distintas historias que conforman la localidad.
Un recorrido por un territorio puede convertirse en una oportunidad para escuchar esas voces y comprender que detrás de cada calle, plaza, parque o paisaje existen procesos comunitarios y memorias que merecen ser preservados.
Turismo responsable: dejar una huella diferente
El crecimiento del turismo plantea también desafíos. La presión sobre los ecosistemas, la generación de residuos, la apropiación inadecuada de expresiones culturales, la saturación de algunos destinos y la desigual distribución de los beneficios económicos hacen necesario promover prácticas responsables.
En 2025, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo planteó para la celebración del Día Mundial del Turismo el enfoque “Turismo y transformación sostenible”, con actividades relacionadas con cultura, sostenibilidad, turismo comunitario y protección de los destinos naturales.
La sostenibilidad no debería entenderse únicamente como cuidar un paisaje. También significa respetar a quienes habitan el territorio, reconocer su participación y procurar que los beneficios de la actividad permanezcan en las comunidades.
Viajar responsablemente implica consumir de manera consciente, cuidar los espacios naturales y culturales, respetar las costumbres locales y evitar convertir las expresiones de una comunidad en simples objetos de consumo.
El turismo también puede contar historias de paz
En Colombia, el turismo ha comenzado a relacionarse con procesos de memoria, reconciliación y construcción de paz. En 2024, el Gobierno nacional conmemoró esta fecha bajo el enfoque de “Turismo y Paz”, con experiencias vinculadas a la memoria y a procesos comunitarios en diferentes regiones del país.
Esto abre una posibilidad importante: que viajar también permita comprender las historias de los territorios, reconocer sus transformaciones y encontrarse con comunidades que han construido nuevas oportunidades a partir de sus propias capacidades.
El turismo comunitario puede aportar precisamente en esa dirección cuando pone en el centro a las personas, sus conocimientos y su relación con el territorio.
Mirar el territorio con otros ojos
El Día Mundial del Turismo es una oportunidad para pensar en los lugares que visitamos, pero también en aquellos que habitamos.
Conocer el propio barrio, caminar por sus calles, visitar sus espacios culturales, escuchar a sus habitantes, descubrir emprendimientos locales o participar en una actividad artística también puede ser una forma de hacer turismo de proximidad.
Porque no siempre es necesario recorrer cientos de kilómetros para descubrir un territorio. A veces basta con caminar más despacio y mirar aquello que tenemos cerca con una pregunta distinta: ¿qué historias guarda este lugar y quiénes las mantienen vivas?
Desde la comunicación comunitaria, ASINCO considera que contar esas historias también contribuye a fortalecer el vínculo con el territorio. La cultura, la memoria y la participación comunitaria hacen parte de aquello que permite que un destino sea mucho más que un lugar para visitar: un territorio para conocer, respetar y valorar.
Turismo con sentido
Conmemorar el Día Mundial del Turismo es reconocer su dimensión económica, pero también su capacidad para generar encuentros culturales, fortalecer economías locales, visibilizar patrimonios y acercarnos a realidades diferentes.
El reto está en construir un turismo que no llegue para desplazar las identidades, sino para encontrarse con ellas; que no convierta los territorios en mercancía, sino que contribuya a protegerlos; y que reconozca a las comunidades como protagonistas de sus propias historias.
Porque viajar también puede ser una manera de escuchar, aprender y reconocer que cada territorio tiene algo que contar.









